Podcast: La manera de vestir de Frida Kahlo

En pleno siglo XXI todos somos conscientes de que la moda es como un texto/libro. Por lo tanto, lo que llevamos puesto contiene unas ideas que el que nos observa puede leer, extrayendo de ellas conclusiones sobre nosotros y nuestra visión del mundo. Esos actos individuales que nos definen y que realizamos con la clara intención de cambiar las cosas que nos rodean se conocen hoy como “micro políticas individuales”, y la moda ha facilitado su proliferación convirtiéndose en una sencilla herramienta al alcance de todos.

A principios del siglo XX, sin embargo, esto todavía no era así. No obstante, hubo pioneros en darse cuenta de ello y lo usaron de una forma tan efectiva que hoy siguen siendo íconos visuales. Una de las pioneras en darse cuenta del poder de comunicación que tenía la manera de vestirse fue la artista mexicana Frida Kahlo. Nacida en 1907 en el seno de una familia liberal burguesa, su infancia y su juventud estuvieron marcadas por dos hechos singulares: un acceso a la educación muy por encima de la media entre las mujeres mexicanas en aquellos años y una poliomielitis que afectaría profundamente a su salud durante toda su vida. Estos dos hechos son muy relevantes para la posterior construcción de su idea del vestir como muestra de su identidad.

En 1922 ingresó en la Escuela Nacional Preparatoria de México y fue una de las primeras mujeres admitidas. Esto definió su conciencia feminista: en 1926 Frida se fotografió vestida de hombre en una reunión familiar. En aquella época era muy raro que una familia burguesa le permitiese a una hija una excentricidad así. Vestirse de hombre era algo políticamente incorrecto, y lo usaban como arma feminista solo las mujeres de clase alta lesbianas o feministas en las grandes capitales de Europa y de Estados Unidos. De hecho, Marlene Dietrich se convirtió en icono de esta tendencia al estrenarse, cuatro años después, la película Morocco (1930). La idea esencial era que la ropa que los hombres vestían los identificaba como tales. Frida sabía que vistiéndose como uno de ellos rompía un tabú y se acercaba a ser aceptada en igualdad de condiciones por un hombre, o al menos a plantearlo. Pero pronto sus problemas en las piernas derivados de la polio echaron por tierra esta idea. Su cojera y el dolor y los problemas para moverse tras su terrible accidente la llevaron a vestirse con amplias faldas. Era una forma de ocultar su debilidad: estas grandes faldas le permitían incluso esconder la silla de ruedas que a veces usaba para desplazarse. Lejos de amedrentarse, Frida Kahlo comenzó a utilizar esta prenda de vestir para hablar de identidad: una identidad nacional diluida por la influencia de Occidente. Frida decidió convertirse en bandera de un movimiento aún no creado: el indigenismo. Recuperar la herencia de los pueblos americanos anulada por siglos de colonialismo europeo y criollo. En un tiempo donde las personas de una determinada clase social se vestían siguiendo los cánones marcados por Occidente y rechazaban las ropas tradicionales como un rasgo de incultura o de pertenencia a las clases más bajas, ella se dedicó a comprar viejas faldas y tejidos indígenas y a vestirlos para convertirse en símbolo de unas raíces culturales en peligro de desaparición. La mexicana se adelantó así casi un siglo a la moda vintage.

Conocedora del poder de la imagen como difusor de ideas –posible influencia de su padre fotógrafo–, la artista se dejó retratar en más de 800 ocasiones por prestigiosos fotógrafos de todo el mundo. Frida incluso modificó su rostro para enfrentarse al machismo. Dotada de unas cejas pobladas, se las pintaba para hacerlas más voluminosas y unir más su entrecejo. Se dejó bigote, y también se lo pintaba para que pareciera más frondoso. El objetivo era romper los límites de la diferencia entre lo que se suponía tenían que ser los sexos femenino y masculino. Esto, hoy tan común en ciertos sectores feministas, en aquel momento se consideró una afrenta, propia de una persona inestable en lo emocional y en lo psíquico. Se la tachó de loca y de peligrosa (también era comunista).

Kahlo, en el uso de prendas indígenas, se adelantó décadas incluso a Gandhi que, en 1946 lanzó su campaña de recuperación de la rueca para que los indios pudieran fabricar su propia ropa en vez de comprar el tejido industrial inglés. El rastro de Kahlo sigue vigente hoy en día en muchas actitudes políticas americanas: recordemos a Rigoberta Menchú, vistiendo ropas indígenas para recoger su premio Nobel o en sus conferencias en la ONU, o más recientemente al presidente boliviano Evo Morales: reconocible por el uso en actos oficiales de unos suéteres típicos de la artesanía indígena de su país.